Detrás de esa palabra del anuncio puede haber una tarea que conozcas, aunque en esa empresa la hagan con otra herramienta o tengan una manera distinta de nombrarla, y si el puesto consiste en atender consultas, por ejemplo, quizá necesites aprender su aplicación mientras reconoces qué preguntar a un cliente porque ya has resuelto situaciones parecidas durante años.
Piensa en una reclamación que hayas atendido de principio a fin: el cliente llamó porque su pedido llevaba días pendiente, tú averiguaste qué ocurría en el almacén y pudiste darle una respuesta con la que organizarse, de modo que al contar ese caso ya estás explicando cómo trabajas, qué información sabes buscar y cómo mantienes una conversación difícil, algo que el nombre de tu puesto apenas cuenta por sí solo.
Con ese ejemplo puedes preguntar cómo atienden allí una reclamación parecida y escuchar qué relación tendrías con el almacén o qué casos podrías resolver directamente, para reconocer dónde te serviría lo que ya sabes y qué necesitarías aprender al incorporarte.
A medida que conozcas el trabajo podrás valorar qué preparación necesitas y si sus condiciones encajan con lo que buscas ahora: puede que aprender una aplicación te resulte asumible y que, en cambio, el horario merezca una conversación más detenida porque quieres conservar las tardes que compartes con tu familia.
Si has encontrado una dificultad parecida en varios empleos, compara cómo empezó y qué cambió después de incorporarte, para llevar a la próxima entrevista preguntas sobre las condiciones que influyeron en tu experiencia y conocer mejor qué puedes esperar del nuevo puesto.
También puede ocurrir que conozcas bien una tarea y lleves tiempo haciéndola de una manera que allí han resuelto de otro modo, y escuchar cómo trabajan te permitirá comparar qué problemas atiende cada forma de hacerlo, en vez de dar por supuesto que tendrás que abandonar lo aprendido o que podrás trasladarlo tal cual a cualquier empresa.
Una persona que haya trabajado contigo puede ayudarte a recordar en qué asuntos solía pedirte ayuda, para recuperar ejemplos de aquella coordinación que resolvías a diario y quizá dejaste fuera del currículum porque te parecía una parte corriente del trabajo.
Al contar un caso, explica qué responsabilidad tenías y con quién colaboraste para resolverlo, de manera que quien te escuche pueda comprender tu aportación dentro del equipo y preguntarte por las decisiones que te correspondió tomar.
Antes de enviar la candidatura, vuelve a la oferta y mira qué puedes explicar ahora con un ejemplo propio, porque puede que esa palabra que te hizo dudar haya dejado de ser un obstáculo y quede una pregunta mucho más importante sobre el horario o las responsabilidades, que podrás llevar a la entrevista junto con lo que sabes hacer y deseas seguir aprendiendo.
También puedes preguntar qué situaciones atiende una persona con experiencia cuando llega al puesto y qué suele aprender durante las primeras semanas, para comparar esa respuesta con los casos que has preparado y reconocer si las dudas que te plantea la oferta se refieren a una herramienta, a una responsabilidad distinta o a una condición que quieres valorar con más calma.
Al actualizar el currículum, elige los ejemplos que permitan comprender tu aportación al trabajo que se ofrece, conservando la confidencialidad de clientes y compañeros y contando únicamente resultados que puedas sostener con lo que conoces.
Ejercicio práctico
Una experiencia que puedas contar
Recupera una situación que recuerdes bien y cuéntala desde que apareció la dificultad hasta que pudiste observar el resultado, para reconocer qué parte de tu experiencia podría servir en el puesto que te interesa y qué preguntarías para comprobarlo.
Puedes hacerlo por tu cuenta, en una libreta o en tus notas.
