En aquella foto estás riendo junto a una estación y al principio recuerdas la persona que te acompañaba, pero enseguida comparas un detalle de tu aspecto y el resto de la escena desaparece detrás de esa diferencia.
Puedes notar la comparación sin obligarte a celebrar cada cambio ni a encontrar una enseñanza sobre la edad, porque una fotografía puede despertar nostalgia, curiosidad o ninguna emoción especial y no necesita recibir una respuesta correcta.
Lo que muestra pertenece a un momento y no contiene toda la vida que tenías entonces, de modo que una cara descansada o una postura alegre no permiten concluir cómo transcurrían tus semanas ni qué condiciones necesitarías recuperar hoy.
Quizá lo que echas de menos sea una costumbre de aquel tiempo, como viajar con más compañía o pasar tardes fuera, y ponerle nombre permite conocer un deseo presente sin encargar a tu cuerpo que reproduzca la imagen para poder disfrutarlo.
Puedes preguntarte qué parte de esa experiencia sigue apeteciéndote y qué forma tendría con tu vida actual, conservando la posibilidad de recordar sin organizar un regreso ni convertir una foto en un proyecto de transformación personal.
También puedes dejar de mirarla si ese rato no te sirve y volver a otra cosa, sin tener que demostrar aceptación sosteniendo una comparación que no deseabas empezar ni pedir a alguien que certifique que ahora estás mejor.
Cuando una preocupación sobre tu cuerpo o tu salud necesite atención, merece su cauce profesional y no puede resolverse desde esta escena, que solo ayuda a separar una imagen pasada de una decisión cotidiana que tú puedas reconocer.
Tal vez acabes enviando la foto para recordar aquella conversación o prefieras guardarla, dejando que conserve algo vivido sin darle autoridad para decidir qué versión de ti merece participar en un viaje, una reunión o una tarde agradable ahora.
Ejercicio práctico
El recuerdo y el deseo actual
Escoge una foto antigua que puedas mirar con comodidad y escribe qué sucedía alrededor de la imagen y qué experiencia te apetece recordar, si aparece un deseo actual nómbralo sin convertirlo en un cambio corporal, para decidir si quieres acercarte a una ocasión posible o simplemente guardar la fotografía y continuar tu día.
Puedes hacerlo por tu cuenta, en una libreta o en tus notas.
